El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl

 

Categoría: Psicología / Antropología / Biografías / Historia

Nivel de dificultad de lectura: Sencillo y ameno

En una frase:

Un libro que hay que leer para aprender a vivir en medio del sufrimiento sin renunciar a la felicidad, la esperanza, la libertad y la dignidad que nos hace personas.

 

🔹 ¿Me gustará ‘El hombre en busca de sentido’? Lo mejor y lo peor del libro

 

Está claro que a mí me ha gustado este libro, si no no lo recomendaría.  Pero cada uno es como es, y tiene intereses y necesidades distintas.  Para ayudarte a saber si ‘El hombre en busca de sentido’ te gustará o no, te he preparado este visual esquema.  Espero que te sea de utilidad.

Te gustará si...

· Te interesa conocerte mejor

· Te gusta la psicología

· Quieres conocer mejor qué sucedió en los campos de concentración

· Sufres y necesitas reflexionar en torno al sentido del sufrimiento

· Sientes que la vida te ahoga, que vas a la deriva…  Y te gustaría aprender a tomar las riendas de tu destino

· Has tenido pensamientos suicidas en alguna ocasión

· Intuyes que la vida debe tener un sentido

· No te da miedo descubrir que en toda persona hay un ángel y una bestia

· Quieres conocer mejor qué es la logoterapia y el análisis existencial

No te gustará si...

· No eres capaz de soportar el relato de las experiencias inhumanas que se vivieron en los campos de concentración nazis

· Tienes el convencimiento inamovible de que vivir es ir a la deriva y no es posible encontrarle un sentido a la existencia

· No te atreves a enfrentarte a tus esclavitudes y prefieres pensar que todo está bien como está

 

🔹 Opinión personal: reflexiones sobre ‘El hombre en busca de sentido’

 

Un libro imprescindible para introducirse en la psicología y en la antropología, en el conocimiento del interior de uno mismo, a través del relato de un prisionero de los campos de concentración nazis que aprovechó sus tres años de cautiverio para estudiar en profundidad al ser humano en un entorno de terrible sufrimiento y brutalidad.

 

 

Viktor Frankl, fruto de su experiencia, dio a luz uno de los mejores libros de la historia en el que apuesta por la esperanza, en el que afirma que el encontrar un sentido a la existencia ayuda a superar los momentos de mayor oscuridad.

En su narración no oculta nada de lo que vivió y sintió al ser conducido a un campo de concentración nazi, al ser tratado como una bestia, al vivir en un entorno en el que el instinto de supervivencia se imponía por encima de la moral, en el que parecía que no había lugar para la bondad, la belleza o la esperanza…  ¿Cómo se sobrevive a una experiencia tan traumática y no se pierde la humanidad y la dignidad por el camino?

Un manual para tener a mano en los momentos de dificultad, ya que ofrece las claves necesarias para salir de los pozos en los que a veces nos sumerge la vida.  Una joya de libro que nos ayudará a vivir mejor y más felices independientemente de las dificultades del día a día.

Una lectura ideal para tiempos de pandemia, tiempos en los que los confinamientos nos pasan factura si no somos capaces de analizar y canalizar cómo nos están afectando.

 

🔹 Resumen de ‘El hombre en busca de sentido’

 

‘El hombre en busca de sentido’ es, sin lugar a dudas, el libro más conocido de Viktor E. Frankl y uno de los libros de psicología más leídos y citados de la historia.

Su fama, como veremos, es más que merecida y justifica que Karl Jaspers lo definiera como ‘uno de los pocos grandes libros de la humanidad’ o que la Librería del Congreso de Washington afirme de él que es uno de los 10 libros más influyentes de los Estados Unidos de América.

 

 

En esta obra de referencia, su autor -un prestigioso médico, neurólogo y psiquiatra nacido en Viena en 1905 en el seno de una familia judía- expone su dolorosa pero iluminadora experiencia como prisionero en los campos de concentración nazis de Theresienstadt, Auschwitz, Kaufering y Dachau.

Durante sus tres años de cautiverio (1942-1945) sufrió una crueldad sin límites, años en los que su vida pendió de un hilo en demasiadas ocasiones, en los que fue despojado de todo excepto de su existencia…  Y que le llevaron a descubrir que todas las circunstancias son superables si se tiene un para qué y que nadie puede arrebatarnos nuestra dignidad, nuestra libertad interior y nuestras ganas de vivir si sabemos cómo enfrentarnos al sufrimiento dotándolo de sentido.

 

 

En los campos de concentración, Viktor Frankl perdió a su esposa embarazada, a sus padres, a su hermano, a su cuñada y a muchos colegas y amigos…  Así como a todos aquellos rostros anónimos a los que puso nombre dentro de esos muros, personas tratadas como animales que eran víctimas como él pero que no fueron capaces de resistir la inhumanidad de lo que les tocó vivir.  

Sin embargo, esos años fueron también una ocasión única para que el psiquiatra que había en él pudiera estudiar -desde dentro- cómo reacciona el ser humano ante el sufrimiento extremo y cuál es el mejor modo de superarlo.

 

 

En la primera parte del libro, Viktor Frankl narra con crudeza y detalle mucho más que lo que vivió en los campos de la muerte…  Explica qué pasaba en su mente y su corazón, en el interior de los presos.

‘El hombre en busca de sentido’ es mucho más que una biografía porque trata de responder a la cuestión de cómo afecta el día a día de un campo de concentración al equilibrio psíquico y emocional de los internos.

En la segunda parte de su obra, el autor presenta los principios básicos de la logoterapia.  Ésta, también conocida como la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia, se apoya -como veremos- en el análisis existencial y se centra en la voluntad o necesidad de sentido de la existencia, y no en la voluntad de placer freudiana ni en la voluntad de poder de Adler.

‘El hombre en busca de sentido’ es -¡qué duda cabe!- un libro duro, pero es también un libro cargado de esperanza que nos ofrecerá muchas claves para vivir mejor…  Especialmente en medio de las dificultades.

🔹 Las mejores frases, citas e ideas de ‘El hombre en busca de sentido’

 

Un estudio científico psicológico desde dentro de un campo de prisioneros

 

La psicología exige un cierto distanciamiento científico.  ¿Pero es que el hombre que hace sus observaciones mientras está prisionero puede tener ese distanciamiento necesario?  Sólo los que son ajenos al caso pueden garantizarlo, pero es mucha su lejanía para que lo que puedan decir sea realmente válido.  Únicamente el que ha estado dentro sabe lo que pasó, aunque sus juicios tal vez no sean del todo objetivos y sus estimaciones sean quizá desproporcionadas al faltarle ese distanciamiento.

 

En un principio traté de escribir este libro de manera anónima, utilizando tan solo mi número de prisionero.  A ello me impulsó mi aversión al exhibicionismo.  Una vez terminado el manuscrito comprendí que el anonimato le haría perder la mitad de su valor, ya que la valentía de la confesión eleva el valor de los hechos.

 

El instinto de supervivencia en el campo de concentración

 

Lo único que importaba es que el nombre de uno o del amigo fuera tachado de la lista de las víctimas, aunque todos sabían que por cada hombre que se salvaba se condenaba a otro. (…)  No había tiempo para consideraciones morales o éticas, ni tampoco el deseo de hacerlas. (…)  Por lo general, sólo se mantenían vivos aquellos prisioneros que tras varios años de dar tumbos de campo en campo, habían perdido todos los escrúpulos en la lucha por la existencia. (…)  Los mejores de entre nosotros no regresaron.

 

Literalmente hablando, lo único que poseíamos era nuestra existencia desnuda.

 

Las ilusiones que algunos de nosotros conservábamos todavía, las fuimos perdiendo una a una; entonces, casi inesperadamente, muchos de nosotros nos sentimos embargados por un humor macabro.  Supimos que nada teníamos que perder como no fueran nuestras vidas tan ridículamente desnudas.

 

Lo desesperado de la situación, la amenaza de la muerte que día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto se cernía sobre nosotros, la proximidad de la muerte de otros -la mayoría- hacía que casi todos, aunque fuera por breve tiempo, abrigasen el pensamiento de suicidarse.

 

Fue Lessing quien dijo en una ocasión: ‘Hay cosas que deben haceros perder la razón, o entonces es que no tenéis ninguna razón que perder’.  Ante una situación anormal, la reacción anormal constituye una conducta normal.

 

Mecanismos psicológicos para sobrevivir a un infierno

 

A los pocos días, el prisionero pasaba de la primera a la segunda fase, una fase de apatía relativa en la que llegaba a una especie de muerte emocional. (…)  Asco, piedad y horror eran emociones que nuestro espectador no podía sentir ya. (…)  Gracias a esta insensibilidad, el prisionero se rodeaba en seguida de un caparazón protector muy necesario.  (…)  No es ya el dolor físico lo que más nos hiere (y esto se aplica tanto a adultos como a niños); es la agonía mental causada por la injusticia, por lo irracional de todo aquello.

 

El aspecto más doloroso de los golpes es el insulto que incluyen.

 

Nunca olvidaré una noche en la que me despertaron los gemidos de un prisionero amigo, que se agitaba en sueños, obviamente víctima de una horrible pesadilla.  Dado que desde siempre me he sentido especialmente dolorido por las personas que padecen pesadillas angustiosas, quise despertar al pobre hombre.  Y de pronto retiré la mano que estaba a punto de sacudirle, asustado de lo que iba a hacer.  Comprendí en seguida de una forma vívida, que ningún sueño, por horrible que fuera, podía ser tan malo como la realidad del campo que nos rodeaba y a la que estaba a punto de devolverle.

Las personas sensibles acostumbradas a una vida intelectual rica sufrieron muchísimo (su constitución era a menudo endeble), pero el daño causado a su ser íntimo fue menor: eran capaces de aislarse del terrible entorno retrotrayéndose a una vida de riqueza interior y libertad espiritual.  Sólo de esta forma puede uno explicarse la paradoja aparente de que algunos prisioneros, a menudo los menos fornidos, parecían soportar mejor la vida del campo que los de naturaleza más robusta.

 

La salvación del hombre está en el amor y a través del amor. (…)  El hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede encontrar la felicidad -aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido.

 

El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia.  Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos.

 

El sufrimiento del hombre actúa de modo similar a como lo hace el gas en el vacío de una cámara: ésta se llenará por completo y por igual cualquiera que sea su capacidad.  Análogamente, el sufrimiento ocupa toda el alma y toda la conciencia del hombre tanto si el sufrimiento es mucho como si es poco.

 

¿Cómo afectaba el entorno de un campo de concentración a los prisioneros?

 

La existencia se rebajaba al nivel de la vida animal.  Transportaban a los hombres en manadas, unas veces a un sitio y otras a otro; unas veces juntos y otras por separado, como un rebaño de ovejas sin voluntad ni pensamiento propios. (…)  Lo mismo que las ovejas se congregan tímidamente en el centro del rebaño, también nosotros buscábamos el centro de las formaciones: allí tendríamos más oportunidades de esquivar los golpes de los golpes que marchaban a ambos lados, al frente y en la retaguardia de la columna. (…)  No destacar.  Siempre hacíamos lo posible por no llamar la atención de los SS.

 

El prisionero de un campo de concentración temía tener que tomar una decisión o cualquier otra iniciativa.  Esto era resultado de un sentimiento muy fuerte que consideraba al destino dueño de uno y creía que, bajo ningún concepto, se debía influir en él.

 

Dado que el prisionero observaba a diario escenas de golpes, su impulso hacia la violencia había aumentado.  Yo sentía también que cerraba los puños y que la rabia me invadía cuando tenía hambre y cansancio.

 

Nuestros amigos que pensaron viajar hacia la libertad aquella noche, transportados en los camiones, fueron encerrados en los barracones y seguidamente murieron abrasados.  Sus cuerpos, parcialmente carbonizados, eran perfectamente reconocibles en la fotografía.

 

¿Las circunstancias nos determinan o se puede ser libre pese a estar preso?

 

Las experiencias de la vida en un campo de concentración demuestran que el hombre tiene capacidad de elección.  (…)  El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física.

 

Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba.  Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino.

 

El tipo de persona en el que se convertía un prisionero era el resultado de una decisión íntima y no únicamente producto de la influencia del campo.

 

Recuerdo que un día un capataz me dio un trozo de pan que debió haber guardado de su propia ración del desayuno.  Pero me dio algo más, un ‘algo’ humano que hizo que me saltaran las lágrimas: la palabra y la mirada con que aquél hombre acompañó el regalo.

 

Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación.  ¿Qué es, en realidad, el hombre?  Es el ser que siempre decide lo que es.  Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración.

 

Encontrar el sentido del sufrimiento

 

El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte.  Sin todos ellos la vida no es completa.

 

La máxima preocupación de los prisioneros se resumía en una pregunta: ¿sobreviviremos al campo de concentración?  De lo contrario, todos estos sufrimientos carecerían de sentido.

 

Todos los que pasaron por la experiencia de un campo de concentración concuerdan en señalar que la influencia más deprimente de todas era que el recluso no supiera cuánto tiempo iba a durar su encarcelamiento.

 

Muchas veces es precisamente una situación externa excepcionalmente difícil lo que da al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo.

 

No había ninguna necesidad de avergonzarse de las lágrimas, pues ellas testificaban que el hombre era verdaderamente valiente; que tenía el valor de sufrir.

 

El hombre tiene la peculiaridad de que no puede vivir si no mira al futuro: sub specie aeternitatis.  Y esto constituye su salvación en los momentos más difíciles de su existencia.

 

El sentido de la vida y la fuerza de la esperanza

 

Los que conocen la estrecha relación que existe entre el estado de ánimo de una persona -su valor y sus esperanzas, o la falta de ambos- y la capacidad de su cuero para conservarse inmune, saben también que si repentinamente pierde la esperanza y el valor, ello puede ocasionarle la muerte.

 

En realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.

Cuando se acepta la imposibilidad de reemplazar a una persona, se da paso para que se manifieste en toda su magnitud la responsabilidad que el hombre asume ante su existencia.  El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá tirar su vida por la borda.  Conoce el porqué de su existencia y podrá soportar casi cualquier cómo.

 

¿Qué le sucede a un preso tras su liberación?

 

Lo mismo que la salud física de los que trabajan en las cámaras de inmersión correría peligro si, de repente, abandonaran la cámara (donde se encuentran bajo una tremenda presión atmosférica), así también el hombre que ha sido liberado repentinamente de la presión espiritual puede sufrir daño en su salud psíquica.

 

La realidad no penetraba en nuestra conciencia; no podíamos aprehender el hecho de que la libertad nos perteneciera.

 

Literalmente, habíamos perdido la capacidad de alegrarnos y teníamos que volverla a aprender, lentamente.

 

Todo parecía irreal, improbable, como un sueño.  No podíamos creer que fuera verdad.  ¡Cuántas veces, en los pasados años, nos habían engañado los sueños!

 

Aparte de la deformidad moral resultante del repentino aflojamiento de la tensión espiritual, otras dos experiencias mentales amenazaban con dañar el carácter del prisionero liberado: la amargura y la desilusión que sentía al volver a su antigua vida. (…)  Desgraciado de aquél que halló que la persona cuyo solo recuerdo le había dado valor en el campo ¡ya no vivía!

 

La experiencia final para el hombre que vuelve a su hogar es la maravillosa sensación de que, después de todo lo que ha sufrido, ya no hay nada a lo que tenga que temer, excepto a su Dios.

 

🔹 ¿Por qué comprar ‘El hombre en busca de sentido’?

 

Aunque adoro la lectura y disfruto de ella, no soy un bibliófilo que siente apego por los libros.  De éstos, me enamora el contenido…  Aunque es cierto que -en ocasiones- también me embelesa una bella edición.

Pero reconozco que, en mi opinión, hay libros que hay que leer y libros que -además- hay que comprar.  Porque es preciso tenerlos cerca, subrayarlos, tomar nota, releerlos y escuchar lo que nos dicen de nuevo.  ‘El hombre en busca de sentido’ es un libro que vale la pena comprar porque, sin importar las veces que lo hayas leído, cada vez que lo retomes te mejorará el ánimo, te ayudará a superar las dificultades que estés sufriendo en ese momento y te empujará a vivir con sentido y esperanza.  Un libro que es un auténtico regalo.

 

🔹 El índice de ‘El hombre en busca de sentido’

 

  • Portada
  • Créditos 
  • Prefacio 
  • El hombre en busca de sentido 
  • Primera parte. Un psicólogo en un campo de concentración 
  • El informe del prisionero n.º 119.104. 
  • Un ensayo psicológico 
  • Primera fase. Internamiento en el campo 
  • Segunda fase. La vida en el campo 
  • Tercera fase. Después de la liberación 
  • Segunda parte Conceptos básicos de logoterapia 
  • Otras obras de Viktor Frankl 
  • Más información 
  • Notas

 

🔹 ¿Quién fue Viktor Frankl, el autor de ‘El hombre en busca de sentido’?

 

Nacido en Viena el 26 de marzo de 1905, este médico, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco que sobrevivió de 1942 a 1945 en diversos campos de concentración nazis se hizo mundialmente famoso al plasmar su terrible experiencia en el libro que nos ocupa.

Fruto de sus vivencias, se convenció de que la motivación primaria del ser humano no es la sexualidad ni el poder sino la voluntad de sentido.  Esta íntima vivencia le llevó a desarrollar su propia escuela de psicoterapia conocida como logoterapia -o la tercera escuela de psicoterapia de Viena- que promueve la sanación a través de la búsqueda y el encuentro con el sentido, con el propósito de nuestra existencia.

Leerle no sólo es un estímulo para la mente y un goce para los sentidos…  Es un bálsamo para el alma.

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